martes, 9 de octubre de 2012
Sobre la situación actual de la PUC
"Me da asco saber que pertenezco a una universidad que se dice tolerante e inclusiva, pero mantiene al margen a ciertos grupos de personas", escribí hace unos minutos por ahí mientras pensaba acerca del ambiente que se vive en la prestigiosa Pontificia Universidad Católica de Chile, la cual cada día pierde un poco más de esplendor en la medida que se encierra en un conservadurismo propio de una burocracia casi fascista y unilateral.
¿Qué debería entenderse por una universidad? En mi opinión, es aquella institución que trasciende el rol de "fuente de conocimiento e investigación para el progreso social", sino también es un espacio de diálogo en el que conviven diferentes posturas, ideas, realidades y culturas en el que se manifiesta la pluralidad del mundo y de las personas. La universidad, así entendida, es también diversidad, la cual parece no compatibilizar con la esencia de la PUC.
¿Podemos denominar a la PUC como una universidad si no cumple el rol fundamental de encuentro entre realidades y censura las voces de las minorías? Con actos como el seminario contra la homosexualidad que tuvo lugar el día de hoy, la PUC se aleja cada vez más de las ideas que cimentaron lo que hoy conocemos como pluralidad estableciendo, en cambio, un monopolio coercitivo de ideas que se esconden bajo un mal expresado alero católico.
La diversidad ha sido seriamente dañada en la PUC. Una vez más, la voz de una institución -que sólo consiente una postura unilateral- se hace más fuerte que la voz de quienes le dan vida a la misma. Finalmente, vemos con desdén que el universo de posturas no es respetado, y que la máxima católica se minimiza justamente en una institución que se hace llamar fiel seguidora de sus principios. Otras posturas, diferentes a la de las elites administrativas, simplemente son desechadas por “pasar a llevar lo que creemos”, y así lo ha afirmado Mario Correa, Secretario General de la PUC: “la Universidad puede discriminar a quienes se oponen a lo que plantea la Iglesia”.
Los actuales espacios de expresión, encuentro y diversidad tienen su expresión en las instituciones políticas e ideológicas que tienen su espacio en las aulas, salones -y en algunos casos- caminos y patios de la PUC. Movimientos como NAU, Crecer, RED UC y Queer UC son instituciones que buscan representar democráticamente los intereses y voluntades de sus miembros, instituciones que contribuyen a una vida sana y diversa en donde tiene expresión la riqueza de la condición humana. Sin embargo, dichas instituciones que surgieron por el deseo de unir voluntades y representar intereses también esconden un origen escabroso, no por parte de los alumnos, sino por parte de los dirigentes y administrativos de la PUC, los cuales en cierto modo consienten y permiten la existencia de éstas organizaciones solamente para "acallar al vulgo". Entendido así, podríamos decir que la PUC permite la existencia de éstos lugares de diálogo y diversidad en la medida que al otorgárseles voz, su voluntad y conciencia se vean complacidas con el hecho de expresarse, o dicho de otro modo, como una mala democracia, una suerte de "darle hueso al perro para que éste deje de ladrar".
Entonces, ¿es mediante la censura o el “fetiche político” que la PUC pretende construir una universidad inclusiva y democrática? ¿Es a través de la imposición monopólica de una idea que pretende formar profesionales íntegros en conocimiento, técnica y valores? La misión de la PUC se ha desvirtuado: si bien es una de las mejores universidades de Chile, tiene mucho que avanzar en cuanto a compromiso social –el cual no es construir mediaguas u organizar misas en poblaciones-.
Sin embargo, la existencia de dichas organizaciones sí tiene un sentido y esperanza, y estas yacen justamente en lo que desencadenó su surgimiento: el deseo de hacer escuchar y efectiva la voz de la diversidad. Es por ésta razón que debemos hacer que nuestras voces tengan la suficiente fuerza para no permitir que ocurran situaciones lamentables como la del Seminario anteriormente mencionado. La libertad y el derecho de poder vivir mi vida de la manera que yo quiero es algo que debiese prevalecer por sobre los intereses de cualquier institución, y más aún de una universidad que debe promover la diversidad.
La universidad la construímos todos como la queremos hacer, y es nuestro deber hacernos cargo de las responsabilidades y hacer valer nuestros derechos sin dejarnos abatir por lo que proclame una elite que, al parecer, se preocupa de perpetuar su idea a través de las generaciones sin hacer caso a las demandas del alumnado, profesorado y funcionarios. Sin lucha, no hay victoria.
domingo, 7 de octubre de 2012
Tocado
Es el día en que me usaron,
Es el día en que la tierra se abrió,
Es el día en que vació mi cuello y habló Nerón,
Es el día en que con fuerza me azotó,
Es el día del cruel desarraigo,
Es el día del en que todo él me arrebató,
Es el día en que mi sangre murmuraba,
Es el día en que las sirenas le cantaban,
Es el día en que con sus manos me tocaba.
Malditos bastardos, hijos del placer,
Corruptos e incoherentes,
Gallardos e insolentes,
Altaneros y tambaleantes,
Audaces y asonantes,
Dejen mis brazos, el cuerpo es mío,
No soy lo que tu quieres, soy tu deseo,
El gran Narciso ha secado las almas del río.
Mi sangre es veneno, mi sangre es delirio,
Es confusión y también ritmo.
Basta maldito, suelta mis manos y rompe mi cuello,
Vengaré la muerte de aquel que se ha ido,
Hacia la tierra que no le habían prometido.
Soy tu criatura, fruto de tus placeres,
Soy el hijo de la ira y del vicio,
De aquellas manos toscas e impunes.
Mira lo que has creado, desgracia ajena,
Mira al que algún día, con pies en ascuas y voz del caído,
Te quitará lo que has destruido.
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