lunes, 13 de agosto de 2012


                                                                                                    i feel sad when you run
          run    run                     run                                    run                                         run run
                                                 run                                            run                  run
       run
                                run                    run                 run               run                            run
run            run                                                                  run                                 run          
                                          run 
      run         run                             run                             run                         run


go

domingo, 12 de agosto de 2012

Pensando en la muerte: Presentación

Hola,

Tengo un electivo que se llama Para Pensar La Muerte que me obliga a pensar en volás cuáticas. La primera evaluación es justamente acerca de cómo yo voy a abordar la temática del curso, es decir, ellos me darán herramientas y yo tengo que pensar la muerte desde un tópico que yo elija. Como ME ENCANTA complicarme la vida, elegí hacerlo acerca de lo trascendental de la muerte, lo óntico y finalmente sobre el devenir del ser.

He aquí lo que escribí escuchando Run de Air y Born To Die de Lana Del Rey.



     Quizás uno de los temores más comunes en las personas es el miedo a la muerte. Nos preguntamos del carácter metafísico de esta hecho y la respuesta se nos revela desoladora y cruel, por lo que intentamos librarnos de aquel destino. Entonces la pregunta por la muerte se vuelve una interrogante por la trascendencia a ésta y por los esfuerzos del hombre por superar su fatídico e inexorable fin.
 
     La muerte siempre ha sido un tema exótico e inclusive morboso de analizar, especialmente en la sociedad y cultura en la que nos desenvolvemos actualmente. El ámbito de la pregunta por la muerte  que trataré es quizás uno de los más escabrosos: la pregunta por el devenir detrás del proceso de la muerte es algo angustiante e incierto y es precisamente este sentimiento el que nos lleva a querer superar la finitud de la vida. Ahora bien, mi interrogante por sobre las formas de trascender surge desde mi propio temor a mi devenir individual, de mi constitución personal y desde un pavor interno a cómo lograr una trascendencia que no está asegurada mediante una fe religiosa o supuestos humanos. El encontrar esa manera, ese mecanismo incierto, aquel modo de ir más allá de la muerte quedándose, paradojalmente, en este mundo para trascender, es el nicho del cual florece el cuestionamiento que me dispondré a tratar en el curso.
 
     Dada la amplitud del tema y las consideraciones pertinentes, es también justo reconocer que la problemática planteada posee diversas aristas desde la cual puede ser abordada y que de la misma se desprenden otros planteamientos sobre el devenir trascendental del hombre.
 
     Una de las preguntas centrales que surgen al referirse al tema es si es siquiera posible una respuesta al orden trascendental de la muerte, o dicho en otras palabras, si es factible el poder trascender de alguna manera a la finitud, si tenemos como personas esta capacidad de sobrepasar la muerte en este orden cronológico natural o simplemente es una imposibilidad ontológica constituyente de la condition humaine. ¿Podremos finalmente ser?
 
    Otro de los temas que deriva de esta problemática tiene estrecha relación con lo anterior y sigue siendo un tema extenso en sí mismo es sobre lo que tiene de constructo o representación del concepto de muerte lo que conocemos como su devenir, como una respuesta que los hombres elaboran para satisfacer a lo desconocido de esta trascendencia y qué es lo que existe tras la muerte. Claramente no podremos saber con certeza lo que es la muerte de suyo ni mucho menos lo que hay tras de ella, pero una pregunta crítica sobre lo conocido puede facilitar un análisis al abrir nuevas perspectivas. Todo lo que tenemos como concepto de muerte, ¿qué validez tiene? ¿Podemos saber algo realmente de la muerte?
 
     Relacionando ahora con la muerte en lo histórico, cabe preguntarse qué ha hecho que pasemos de una concepción naturalista-mística de la muerte como un proceso que sería la antesala de una vida posterior cósmica o terrenal. ¿Qué ha sido lo que ha cambiado? ¿Qué rol tiene la cultura en la conformación del concepto de la muerte?
     Sin embargo, uno de los puntos neurálgicos de la problemática habla justamente de los medios que tienen las personas para perpetuar su existencia cuando se encuentran en esa instancia última frente a la muerte. ¿A través de qué medios podemos “burlar a la muerte” y tener el privilegio que se les concedía solamente a ciertos personajes míticos, de seguir existiendo tras la muerte terrenal? ¿Son estos mecanismos eficientes como para asegurar que mi condición humana siga siendo el “ser”? Los desafíos que presuponen responder estas dos preguntas son, si no al menos de dificultad considerable, peligrosos en el sentido de que frente a todo el cuestionamiento, puede que la respuesta final sea más desoladora que la misma muerte. Como diría Heidegger, “el preguntar es un modo del desocultar”, pero no toda respuesta puede ser la que buscamos. Sapere aude.

----------

Obviamente lo corregiré, tengo hasta el martes para entregarlo.
Conejinis y besinis,
El Socioloco 

miércoles, 1 de agosto de 2012

La Neopolis

Confieso que uno de los placeres infantiles culpables de mi vida es jugar a las escondidas. Es un juego   entretenido, recuerdo que lo jugaba con mis amigos y primos cada vez que iba a sus casas, y claro, yo terminaba picado porque los otros niños jugaban con "libra compañeros". Y muchas veces jugábamos a escondidas y con asustarnos.

A todos nos gusta escondernos, y a algunos nos encanta que nos sorprendan. Ahora que ya tengo pelos en lugares que no tenía años atrás, que mi voz se ha agravado y mi anatomía se ha formado -deformado, si somos sinceros-, confieso que aún me gusta esconderme... pero es como un placer masoquista.

El sábado retorné a la capital. A medida que el bus se acercaba a la ciudad de las luces, the flesh-light city, me invadió el temor de estar siendo engullido por un oscuro y enorme monstruo. No sé por qué imaginé eso, pero sentía que a medida que se movían los números del kilometraje me acercaba aún más a las entrañas de aquel familiar y seductor ser, como si éste esperara mi llegada después de una dolorosa despedida.

La ciudad me esconde. Nadie me conoce. ¿Quién es el individuo que ha pasado a mi lado? ¿Esa señora cocinará estofado o renunciará a su trabajo? ¿A qué bar irá ese hombre? ¿Y por qué aquel niño mira desconcertado una rayuela? ¿Por qué todos ocupan la misma salida del metro? ¿Quién dijo que los autos vayan en ese sentido? ¿Y las rotondas son círculos u óvalos? ¿Dónde están las personas? Las personas se esconden tras el concreto, las personas se sienten seguras tras las vigas y hacen de las señales de tránsito sus totems en los que consagran la vida. Bautizamos las veredas sin darnos cuenta de la historia del monstruo y sus constructores, de los que han contribuido a darle vida y que caminan a nuestro lado, quizás encarnados en una pequeña niña que cruza la calle en el momento que un camión se acerca a ella.

El monstruo lo hemos creado nosotros, pero nadie sabe cómo es un monstruo. ¿Quién más que el mismo monstruo tacaño se ha preguntado por sí mismo? ¿Quién más que nosotros le da vida al alquitrán celoso? El monstruo no es malo, el monstruo es nuestra madre y es nuestro padre, es nuestro Dios y nuestro demonio, tiene un poco de bestia y un poco de sacerdote, un poco de nosotros y a la vez no es nadie.

Hemos dado lugar en este mundo a una criatura que ya no depende de nosotros, que celosamente nos da de comer -a algunos más que otros- y autos con los que ser atropellados (¡salvad a la niña, recuerden su nombre!).

Somos hijos del concreto. Cuando volví en mi, ya estaba en el metro camino a una fiesta maraca en Manquehue, llevando oxígeno a través de las venas del monstruo.