martes, 9 de octubre de 2012

Sobre la situación actual de la PUC


"Me da asco saber que pertenezco a una universidad que se dice tolerante e inclusiva, pero mantiene al margen a ciertos grupos de personas", escribí hace unos minutos por ahí mientras pensaba acerca del ambiente que se vive en la prestigiosa Pontificia Universidad Católica de Chile, la cual cada día pierde un poco más de esplendor en la medida que se encierra en un conservadurismo propio de una burocracia casi fascista y unilateral.

¿Qué debería entenderse por una universidad? En mi opinión, es aquella institución que trasciende el rol de "fuente de conocimiento e investigación para el progreso social", sino también es un espacio de diálogo en el que conviven diferentes posturas, ideas, realidades y culturas en el que se manifiesta la pluralidad del mundo y de las personas. La universidad, así entendida, es también diversidad, la cual parece no compatibilizar con la esencia de la PUC.

¿Podemos denominar a la PUC como una universidad si no cumple el rol fundamental de encuentro entre realidades y censura las voces de las minorías? Con actos como el seminario contra la homosexualidad que tuvo lugar el día de hoy, la PUC se aleja cada vez más de las ideas que cimentaron lo que hoy conocemos como pluralidad estableciendo, en cambio, un monopolio coercitivo de ideas que se esconden bajo un mal expresado alero católico.

La diversidad ha sido seriamente dañada en la PUC. Una vez más, la voz de una institución -que sólo consiente una postura unilateral- se hace más fuerte que la voz de quienes le dan vida a la misma. Finalmente, vemos con desdén que el universo de posturas no es respetado, y que la máxima católica se minimiza justamente en una institución que se hace llamar fiel seguidora de sus principios. Otras posturas, diferentes a la de las elites administrativas, simplemente son desechadas por “pasar a llevar lo que creemos”, y así lo ha afirmado Mario Correa, Secretario General de la PUC: “la Universidad puede discriminar a quienes se oponen a lo que plantea la Iglesia”.

Los actuales espacios de expresión, encuentro y diversidad tienen su expresión en las instituciones políticas e ideológicas que tienen su espacio en las aulas, salones -y en algunos casos- caminos y patios de la PUC. Movimientos como NAU, Crecer, RED UC y Queer UC son instituciones que buscan representar democráticamente los intereses y voluntades de sus miembros, instituciones que contribuyen a una vida sana y diversa en donde tiene expresión la riqueza de la condición humana. Sin embargo, dichas instituciones que surgieron por el deseo de unir voluntades y representar intereses también esconden un origen escabroso, no por parte de los alumnos, sino por parte de los dirigentes y administrativos de la PUC, los cuales en cierto modo consienten y permiten la existencia de éstas organizaciones solamente para "acallar al vulgo". Entendido así, podríamos decir que la PUC permite la existencia de éstos lugares de diálogo y diversidad en la medida que al otorgárseles voz, su voluntad y conciencia se vean complacidas con el hecho de expresarse, o dicho de otro modo, como una mala democracia, una suerte de "darle hueso al perro para que éste deje de ladrar".

Entonces, ¿es mediante la censura o el “fetiche político” que la PUC pretende construir una universidad inclusiva y democrática? ¿Es a través de la imposición monopólica de una idea que pretende formar profesionales íntegros en conocimiento, técnica y valores? La misión de la PUC se ha desvirtuado: si bien es una de las mejores universidades de Chile, tiene mucho que avanzar en cuanto a compromiso social –el cual no es construir mediaguas u organizar misas en poblaciones-.

Sin embargo, la existencia de dichas organizaciones sí tiene un sentido y esperanza, y estas yacen justamente en lo que desencadenó su surgimiento: el deseo de hacer escuchar y efectiva la voz de la diversidad. Es por ésta razón que debemos hacer que nuestras voces tengan la suficiente fuerza para no permitir que ocurran situaciones lamentables como la del Seminario anteriormente mencionado. La libertad y el derecho de poder vivir mi vida de la manera que yo quiero es algo que debiese prevalecer por sobre los intereses de cualquier institución, y más aún de una universidad que debe promover la diversidad.

La universidad la construímos todos como la queremos hacer, y es nuestro deber hacernos cargo de las responsabilidades y hacer valer nuestros derechos sin dejarnos abatir por lo que proclame una elite que, al parecer, se preocupa de perpetuar su idea a través de las generaciones sin hacer caso a las demandas del alumnado, profesorado y funcionarios. Sin lucha, no hay victoria.

domingo, 7 de octubre de 2012

Tocado



Es el día en que me usaron,
Es el día en que la tierra se abrió,
Es el día en que vació mi cuello y habló Nerón, 
Es el día en que con fuerza me azotó, 
Es el día del cruel desarraigo, 
Es el día del en que todo él me arrebató,
Es el día en que mi sangre murmuraba,
Es el día en que las sirenas le cantaban,
Es el día en que con sus manos me tocaba.

Malditos bastardos, hijos del placer,
Corruptos e incoherentes, 
Gallardos e insolentes, 
Altaneros y tambaleantes, 
Audaces y asonantes, 
Dejen mis brazos, el cuerpo es mío, 
No soy lo que tu quieres, soy tu deseo, 
El gran Narciso ha secado las almas del río. 

Mi sangre es veneno, mi sangre es delirio,
Es confusión y también ritmo. 
Basta maldito, suelta mis manos y rompe mi cuello, 
Vengaré la muerte de aquel que se ha ido, 
Hacia la tierra que no le habían prometido. 

Soy tu criatura, fruto de tus placeres,
Soy el hijo de la ira y del vicio, 
De aquellas manos toscas e impunes. 
Mira lo que has creado, desgracia ajena, 
Mira al que algún día, con pies en ascuas y voz del caído, 
Te quitará lo que has destruido.

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lunes, 24 de septiembre de 2012

Sobre la muerte y la trascendencia

Hola,

Les traigo el texto  que resultó luego de una noche de pensamientos y reducción de ideas, y que a la vez es la continuación de otro texto que está más abajo. Fue asqueroso, me tuve que limitar a 5.500 caracteres para hablar sobre mi filosofía de la muerte y la trascendencia de la vida (¡eso es imposible!). Si hay ideas muy vagamente explicadas, ya saben la razón. Espero que lean y mueran en el intento.

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El miedo a la muerte permite preguntarnos por nuestro devenir, por lo incierto e insuperable de aquel estado de la existencia. Este devenir desconocido abre la pregunta por los intentos de librarnos de aquel yugo mortal: ¿cómo finalmente podremos salir de nuestra naturaleza y traspasar el momento último de vida? ¿Cómo es que podemos ir más allá de lo dictado por la condición humana?

El solo hecho de la muerte produce un calar en el alma, un vacío ante la no-existencia de la que somos parte en nuestra condición humana, sentimiento funesto que se hace patente en lo que Heidegger denomina la angustia. Dicha angustia viene dada por la sola constitución del Dasein, de existir en este mundo como presencia arrojada al mundo, al estar-en-el-mundo. En este sentido, Heidegger afirma que el ser “está-vuelto-hacia-la-muerte”, es decir, que “lo más propio, irrespectivo e insuperable del hombre es que va a morir”, pero no como un hecho inminente de un no-todavía que me va a suceder en el futuro, sino como algo a lo que estoy “dirigido” definitivamente, quiera o no aceptarlo, reflejado en la manera propia e impropia del Dasein en la cotidianeidad. El hombre reconoce a su misma naturaleza como un tender-hacia-el-fin de su propia existencia, una suerte de conciencia de su muerte.

Ahora bien, ¿no es esta conciencia de la muerte algo que produce un sentimiento de pesar sobre la existencia del hombre? ¿Cómo no sentir angustia frente a la posibilidad más fehaciente de no-ser-más? Es esta angustia planteada por Heidegger, lo que lleva a la persona a querer superar su finitud y trascender lo propio de la existencia humana. Pareciera que yace aquí el germen de todo actuar humano en pos de superar la barrera natural que le fue fijada en su principio de existencia. Junto, la constitución de la representación individual de la muerte acontece en el contacto con otros, y más aún “en el contacto que el ser tiene con la muerte del que no es él, sino como otro diferente a mí”, como diría Emmanuel Lévinas. En el contacto entre personas puede develarse un carácter cultural que condiciona mi representación de la muerte, y por tanto, la configuración de los medios de permanecer en este mundo como consecuencia del ethos cultural.

El ímpetu con que nos enfrentamos ante este destino ha visto su correlato, como diría Hannah Arendt, en el trabajo (como “lo producido”) y en la acción (como acción política de organizar la vida en común) que están encaminadas implícitamente al reconocimiento y permanencia del hombre en el mundo.

Por un lado, tenemos al trabajo como un camino al que ha recurrido el hombre para ir más allá de sí. Para estos efectos, lo definimos como “lo producido” por el hombre con un fin, ya sea utilitario, o el que nos es pertinente, como un fin en sí mismo. Esta última definición de objeto producido como fin en sí mismo hace exclusiva alusión al arte, el cual es según Arendt, “lo más inútil [utilitariamente hablando] y lo más duradero que el hombre puede producir”. Acá notamos que el arte tiene un creador humano que pone algo de sí en su obra,  obra cuyo fin es permanecer a través de las épocas. ¿No parece esto de alguna manera un medio que tiene el hombre para superar el umbral de su muerte? El hombre crea, de este modo, para dejar algo de sí en el mundo cuando su carne tierra sea: a través de la creación artística el hombre deja en el mundo algo con lo que puede ser recordado y de cierta manera, permanecer, pues se pone a sí mismo en el fruto de su trabajo.

La acción, según la definición de Arendt anteriormente dada, implica la actuación entre personas hacia un fin, el cual es inseparable del logos, de la palabra en el sentido dialéctico del término, ligados en la interacción entre dos individuos que se reconocen como distintos. Es en esta interacción del uno con el otro donde se encuentra la constitución de la identidad personal, una suerte de “te construyo y tú me construyes”. Julián Marías llama a esto como la “configuración del mapa personal” y Ricoeur lo reconoce como la “constitución del relato personal”, en donde la persona a través de la interacción con el Otro en el logos, crea una apertura de su biografía en donde el Otro escribe lo que soy, relación hasta simbiótica. Me presento como un libro abierto en el que el Otro, con la pluma y la tinta de su propia esencia, escribe lo que soy. Siguiendo la línea de Ricoeur podríamos afirmar que “soy lo que tú dices de mí, porque en nuestro encuentro nos construimos el Uno al Otro”. De esta manera, parece lógico el hecho de que la persona se dona al otro en una relación de reciprocidad, ¿y qué es esto sino otra manera de permanecer en el mundo? Hay un algo que le dono a esta persona, que le constituye y permanece en él como parte de lo que es, algo que inclusive puede superar a la propia muerte. Esto llevado a su máximo extremo concluye en el amor donde el Uno se da al Otro, se construyen en el alma de su amante y crear una unión que inclusive puede vivir aún cuando uno de ellos haya partido.

Estas formas de ir más allá del momento de gloria en el que me presento en desnudo ante la muerte pareciesen ser eficientes en el aspecto de la condición humana, en el que si bien comprendo mi muerte como algo insuperable, dejo mi esencia en lo que creo y en el ser de otros. “Aún cuando ya haya partido, recuérdame y estaré siempre contigo”, solía decir mi madre. No se ha equivocado.

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LE FIN

sábado, 22 de septiembre de 2012

Corriente de conciencia en una noche estresada: plenitud y muerte


El pensar abre un camino.
El preguntar es la devoción del pensar.
La pregunta abre un camino.
Un camino hacia una respuesta que llene al alma.
¿Qué alma? ¿Qué dolor?
El dolor de la existencia
Esa bella doncella, la muerte
La que veneran,
La venerada,
La escondida y repudiada,
La que no llega, la que no está
La que es en mí
Doncella, ¿por qué me clavas?

La muerte es lo que cae sobre todos. No. Es inexorable. Un no. Un no ser. Un no-existir. Angustia. Dolor. Miedo y existencia. Miedo y dolor. Solo. Protegerme. ¿Dónde? Me acusa, me mira con sus ojos y me apunta con el dedo mientras yazco de rodillas ante tan magnífico y soberbio ser. ¿Ser? ¿La señora es tan soberbia? Si podemos decirlo, es porque podemos decir que es. Ella, con ímpetu se mueve, sus figuras se contornean como un letal agasajo ante la mirada dolorosa del oprimido. Me mira soberbiamente. Me compadece. Pero no está allá. Muerte soy yo. Muerte es él, muerte es yo. Me multiplico. Me salgo. Estoy allá y soy en mi. Me juzgo, ¿quién es la muerte si soy yo y es el que me acusa? Arrodillado y apuntador. Acusador. Seductora. Muerte, ¿por qué me clavas?

La muerte, soberbia doncella, nos acusa con su dedo audaz mientras yacemos arrodillados ante ella. El hombre siente angustia y miedo ante su acusación, el hombre busca erguirse y afrontarla, ¿pero qué puede hacer para levantarse?

Recuerda, recuerda, joven virgen de las flores, que morirás. Recuerda que eres polvo, recuerda que eres todos y somos uno, recuerda que eres muerte y que ella es polvo. Recuerda que eres huesos, recuerda tu carne majestuosa porque mañana ya no estará. Recuerda que no. No más. Llega el momento. Pero el momento eres tú. Momento. Momento del memento. Memento Mori. Recuerda, joven, bella bailarina con los ojos en las nubes y los pies en el agua, bella doncella, caerás. ¿Dónde estarás? ¿Dónde estará lo ido? ¿Dónde están aquellos rostros decrépitos que miraban con desdén y compasión nuestra juventud? Ya no están, pero son. ¿En qué? ¿La dulce señora es?

Corriente, corriente, muerte y salva lentamente. Es como una palabra, es como una encrucijada que tergiversa y enreda las sonrisas de tu mirada. No me gustan, no, a veces no lo sé. Levántate, Lázaro, tu sí que puedes levantarte entre los rostros. Envidia, ¡oh, joven Lázaro! ¿cómo os atrevéis a levantarte de entre los muertos? ¿No sabéis que te estamos esperando para la cena eterna? Aquel ya tendrá su última cena.

martes, 18 de septiembre de 2012

Andante


Hace no mucho rato atrás, me encontraba leyendo una conferencia que hizo Hannah Arendt acerca de los conceptos de Labor, Trabajo y Acción y su parte en la constitución de la vida personal, social y, aún más, la condición humana. Por cierto, me gustan las palabras francesas para designar a esa serie de procesos y características de diversa índole que constituyen al ser humano en su integridad: condition humaine. Leía mientras mi hermana cocinaba y mi abuela cortaba pastillas para formar su cóctel diario que alarga su vida un poco más. A veces me pregunto para qué quiere vivir más, creo que si le preguntara podría ser una fuente de sabiduría y abundancia enorme, pero primero tendría que lograr que pudiera escuchar bien. Ese es otro milagro en sí mismo, y además, ella no me dijo que las banderas flameaban por mí.

Destaqué esto del texto: “A pesar de que todo el mundo comienza su propia historia, al menos la historia de su propia vida, nadie es su autor o productor. Y, sin embargo, es precisamente en estas historias donde el significado real de una vida humana se revela finalmente. El hecho de que toda vida individual, entre el nacimiento y la muerte, pueda a la larga ser relatada como una narración con comienzo y fin es la condición prepolítica y prehistórica de la historia, la gran narración sin comienzo ni fin. […] La historia real en que estamos comprometidos mientras vivimos no tiene ningún autor visible o invisible, porque no está fabricada”.

Lo primero que me llama la atención es la reivindicación del vínculo de la acción –entendida como la orientada a organizar la vida en común, la política- y el lenguaje, la palabra, la comunicación, el logos. Las relaciones humanas se dan en el campo de la palabra, en donde nuestra acción –que tendría este carácter virtuoso- tendería a revelar al ser. Quiero poner énfasis en la palabra revelar, porque indica que este ser, de alguna manera u otra, está dado en el mundo y tenemos que dirigirnos hacia develar a este ser, al yo, al desocultar la esencia de nuestro ser.

Creo que ahora podemos ver más claramente el reto al que se enfrenta al hombre: el encontrar-se, a preguntarse por el quién más que el qué. Ahora es cuando surge una nueva pregunta, “¿cómo?”. Acá yace la razón de por qué empecé citando a la soberbia Arendt: el encuentro del ser tiene un carácter dialéctico, el ser acontece en el lenguaje. Ahora nos encontramos provistos de un arma poderosa que nos abrirá camino a lo que nos concierne, el lenguaje, y por lo tanto, la pregunta, es lo que parece que nos puede dar una respuesta al quién.

Al asegurar esto tenemos que reconocer una implicancia sine qua non lo anterior se invalida: el diálogo se da entre personas. Si la existencia y el ser se encuentran ligadas como por un delgado hilo invisible, pero que está destinado a ser-en-uno, y si este ser-existente se encuentra arrojado a la existencia (como lanzado al mundo) tal como Heidegger afirmaría, podemos decir que este ser se precipita a un mundo que se encuentra dado, pero no en el sentido estricto de la palabra, sino en construcción.

Hacemos una distinción en lo que yo llamaría el mundo natural que es el que se encuentra dado y con el cual el hombre se encuentra en estrecha relación de violencia, y el mundo que surge de este estado de interacción violenta, el cual designo como mundo humano, a falta de una palabra más precisa. La interacción entre éste hombre y su entorno es justamente natural, y podríamos decir que es parte de la condición humana. Podremos ver ejemplos en las casas que construimos, en el río que está bajo la central hidroeléctrica, y más ampliamente, en el ejercicio violento de la extracción del mundo natural que existe al sacar lo material de la materia dada (por ejemplo, la materia como el árbol en sí y la materia como la madera que es resultado del monopolio violento del hombre sobre lo natural, el talar y procesar). Dentro de este mundo humano, que como dije anteriormente, es resultado de la interacción entre lo natural y el hombre, podemos encontrar toda construcción, ya sea física, metafísica, moral o social hecha por éste individuo. Lo que curiosamente se niega rotundamente a pertenecer a este mundo es el hombre mismo, que está dado en el mundo, que se arroja desde lo alto en su ser y existencia, y cae al mundo, cae y es dasein, es ser-ahí.

Quizás a esta altura la mayoría de los lectores estén confundidos respecto a lo que acabo de decir y la relación que tiene esto con el problema que nos plantea la construcción biográfica, y por tanto, el quién somos (toda historia debe tener un principio, un fin y un protagonista), pero les prometo que pronto todo se revelará como una teoría, si no interesante, al menos curiosa para algunos que suscitará la pregunta –que es mi objetivo final-.

El ser-existencia, que es parte del mundo natural, se encuentra entonces arrojado al mundo en el que empieza a construir en base a su relación con este mundo al que fue arrojado, empieza a crear y dar lugar a cosas que necesita. Esto en un escenario de hombre único, pero podemos complejizar el escenario actual y hacerlo, de cierta manera, más acorde a nuestro propósito. El hombre-arrojado no llega a un mundo en el que deba construir todo, algunas cosas que no pertenecen a este mundo natural ya están dadas, en otras palabras, el hombre llega a habitar un mundo que ya está habitado por otros hombres, que han construido el mundo humano.

El hombre no se encuentra solo en este ambiente, se encuentra rodeado de otros seres con los que está en constante contacto y con los mismos seres que han llegado antes que él y han contribuido, a través de la labor y el trabajo, a crear las cosas que ya existen, que están dadas de otra forma a las que está dada la forma de la Tierra. Entre estas cosas dadas pero no naturales podemos nombrar a algo que quizás ya le resulte familiar al lector si ha leído los párrafos anteriores: el lenguaje. El hombre llega a habitar el lenguaje, y es el lenguaje el que permite preguntarse “quién”.

Los hombres se relacionan en el lenguaje, y es en este contexto de relación con otros hombres el que se hace la pregunta por el “quién”. En palabras de Arendt, “(…) el acto primordial y específicamente humano debe siempre contener, al mismo tiempo, la respuesta a la pregunta planteada a todo recién llegado: ¿Quién eres tú?”. Para nuestros efectos, entendemos que dicha pregunta del quién soy, y por consiguiente, la pregunta por el ser, tiene lugar en el reconocimiento de otros, en el contexto en que me relaciono con otras personas en las que, a su vez, reconozco como un ser, un otro.

Lo que acabamos de exponer tiene una importancia primordial en el día de hoy. Lo expuesto por Arendt puede ser una suerte de nueva esperanza en la época de la píldora y la máquina, en donde esta última ha alcanzado tan alto nivel de desarrollo que la pregunta si la máquina debe adaptarse al hombre o si el hombre debe adaptarse a la máquina que ha creado, ha suscitado una polémica trascendental (en especial en el segundo caso, que sería totalmente destructivo para la humanidad). La máquina moderna y el avance de la tecnología ha supuesto, entonces, un olvido cuasi-total de la pregunta por el ser del hombre, es decir, que el hombre ha perdido, en un contexto de una sociedad sistematizada, burocrática, estructural, racional y de la opulencia, la capacidad de preguntarse por sí mismo. Ya no importa quién soy, lo que importa es que tengo mi televisor (y eso me hace feliz). El ser en este mundo se haya perdido, y la respuesta de Arendt de dirigirse a sí mismo a través del contacto fraterno entre otros, puede volver a revelar al ser, sacarlo de su escondite y hacer que éste pueda volver a preguntarse “quién soy”. La nueva esperanza del ser yace en el reconocimiento del otro como una persona.

La “nueva esperanza” brinda la posibilidad de que nuestra historia personal, nuestra biografía, se actualice y complete su máxima potencialidad. Ya no es una historia con comienzo y un final, ya no es una historia de la nada que comienza en espacio y tiempo y finaliza en estas dos dimensiones; surge el ser impregnado del privilegio que toma parte y hace propia su historia, la misma historia que le pertenecía y ha creado, se convierte en su protagonista y tiene cabida en este contexto. El hombre tiene su historia [story] que es parte de la historia [history], historia que recoge los relatos personales y se convierte en un gran libro sin comienzo, fin ni autor, porque la historia es todos, es nuestra narración, es la historia de nuestras relaciones superiores con valor en sí misma, en acción. El hombre puede narrar quién es, y esta narración es parte de la Historia, de la gran narración sin comienzo ni fin.

A pesar de que mi abuela seguía picando pastillas en mi mente y mi hermana se quejaba porque sus cupcakes Dukan no habían tomado la forma que ella quería, yo seguía pensando en la maravillosa noticia que acababa de recibir. A veces me gustaría ser periodista, quizás así pudiese decirles que aún tienen oportunidad de encontrar quienes son, pero eso sería tremendamente egoísta: no a muchas personas le interesa saber quiénes son, o simplemente, ya creyeron encontrar una respuesta satisfactoria y no les queda inquietud. Quizás aquellas personas ya están más adelantadas que yo, o quizás están imbuidas en distracciones que las sacan de uno. Yo no sé, nunca sabré, nunca podré saber nada de lo que ellas sienten ni solidarizar verdaderamente con ellas, pero ese es un tema de lo que hablaré en otra ocasión. A veces pensar duele, y conlleva tanta satisfacción como tanto dolor, pero al final creo que esto es un deleite para el alma de algunos, la mía por ejemplo. Es un precio justo.

Fue una buena noche. Más aún porque mi celular no paraba de sonar con una bella melodía de una canción noble que era sentimiento. Era sentimiento que se transmitía por internet, qué crudo. Era feliz, y eso era cierto. El jueves lo sería más.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Tontos

Me miraba al espejo mientras estaba en el baño. Aquel lunar arriba de mi pecho izquierdo me molestaba bastante, pero parecía formar parte de mi cuerpo, como que no sé, era como si el lunar solo fuera feo en sí mismo, pero en mi era bello. ¿Era bella yo?

Que pedazo de maricona era, me dije mientras me metía a la ducha. Solo Dios sabe cuánto odiaba el agua fría, y ahora tenía que bancarme esa respiración acelerada que te da cuando te bañas con agua congelada, ¿por qué? Porque soy huevón. De seguro vendría aquel señor con ese molesto bigote a cortarme el agua. Me recordaba a una morsa. Un día le pregunté si se había dejado el bigote para que se le llenara de migas de pan y rió. Luego le pregunté si quería metérmelo por detrás. Seguía pensando que el agua estaba fría.

Me gustaba gemir cuando estaba bajo el agua, pero no fría hueón, esa cosa es mala, le debe hacer mal a una estar tanto rato suspirando y gimiendo con la boca abierta. Por eso debe haber algo en la boca. Y quizás es por esa misma razón que hay tantos hoyos en la calle. No es el dinero, quizás el que falta para que vayan, quizás les falta encontrar algo que los llene de verdad. Pero si se llenasen ya no serían hoyos, como si el bigote del viejo estuviese sin migas de pan, ya no sería el viejo.

Puta la hueá que estaba fría. Sentía el hielo correr por mi espina mientras mis piernas se tornaban unos fideos chinos. La diferencia es que esos fideos necesitan agua caliente para estar blandos. Por eso se me endureció. Mañana tenía prueba y el señor del agua no había venido, por Dios, ¿qué iba a hacer? Necesitaba saber qué pensaba de ese lugar.

El Mauro me tiró una bola de papel que me llegó en la nuca. Siempre pensé que Mauro era una persona demasiado profunda, tan profunda, pero tan profunda que llegaba a ser hueca. No había nada dentro de él más que un vacío que era perfecto caos y orden, era tan pleno como un hoyo tapado, era como nada y por eso me parecía que flotaba al andar. Flotaba como en agua, como en el agua en que uno se perdía pero siempre estaba donde mismo, como el agua que no tiene horizonte pero la marea te saca y te vuelve a poner en donde estabas.

 La bibliotecaria parecía un ave de rapiña posada en mi cabeza. Casi podía sentir su pico mientras leía sobre sobre los procesos judiciales. De hecho creo que más de alguna vez me picó. Se decía que la había abandonado su esposo porque ella le había pedido que se afeitara el bigote, que estaba cansada de tener que comer pan cada vez que la besaba.

El cliente siempre tiene la razón. Es por eso que tocaron mi puerta. Usted ha sido enjuiciado, me dijeron. Todo se le dirá en el momento que sea correspondiente. Todo lo que diga podría ser usado en mi contra. Pero yo dije que tenía que volver a la ducha, mis piernas eran fideos chinos y ellos eran incapaces. Sólo miraban mi lunar. Pero afortunadamente no era el señor del agua, me hubiera dado vergüenza que hubiese visto mi carne desnuda frente a aquellos corpulentos hombres que me decían que se acercaba el proceso.

¿Qué proceso? ¿Me metieron en un libro? Que son hueones. La gente no nace para meterse en los libros. La gente nace en los libros. Pero el Mauro nació en libro escrito, por eso flota en agua, por eso el señor morsa da el agua, por eso la luna está relacionada con el agua y por eso me enjuiciaron.

¿Qué tiene de malo haberse matado?

lunes, 13 de agosto de 2012


                                                                                                    i feel sad when you run
          run    run                     run                                    run                                         run run
                                                 run                                            run                  run
       run
                                run                    run                 run               run                            run
run            run                                                                  run                                 run          
                                          run 
      run         run                             run                             run                         run


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