sábado, 22 de septiembre de 2012

Corriente de conciencia en una noche estresada: plenitud y muerte


El pensar abre un camino.
El preguntar es la devoción del pensar.
La pregunta abre un camino.
Un camino hacia una respuesta que llene al alma.
¿Qué alma? ¿Qué dolor?
El dolor de la existencia
Esa bella doncella, la muerte
La que veneran,
La venerada,
La escondida y repudiada,
La que no llega, la que no está
La que es en mí
Doncella, ¿por qué me clavas?

La muerte es lo que cae sobre todos. No. Es inexorable. Un no. Un no ser. Un no-existir. Angustia. Dolor. Miedo y existencia. Miedo y dolor. Solo. Protegerme. ¿Dónde? Me acusa, me mira con sus ojos y me apunta con el dedo mientras yazco de rodillas ante tan magnífico y soberbio ser. ¿Ser? ¿La señora es tan soberbia? Si podemos decirlo, es porque podemos decir que es. Ella, con ímpetu se mueve, sus figuras se contornean como un letal agasajo ante la mirada dolorosa del oprimido. Me mira soberbiamente. Me compadece. Pero no está allá. Muerte soy yo. Muerte es él, muerte es yo. Me multiplico. Me salgo. Estoy allá y soy en mi. Me juzgo, ¿quién es la muerte si soy yo y es el que me acusa? Arrodillado y apuntador. Acusador. Seductora. Muerte, ¿por qué me clavas?

La muerte, soberbia doncella, nos acusa con su dedo audaz mientras yacemos arrodillados ante ella. El hombre siente angustia y miedo ante su acusación, el hombre busca erguirse y afrontarla, ¿pero qué puede hacer para levantarse?

Recuerda, recuerda, joven virgen de las flores, que morirás. Recuerda que eres polvo, recuerda que eres todos y somos uno, recuerda que eres muerte y que ella es polvo. Recuerda que eres huesos, recuerda tu carne majestuosa porque mañana ya no estará. Recuerda que no. No más. Llega el momento. Pero el momento eres tú. Momento. Momento del memento. Memento Mori. Recuerda, joven, bella bailarina con los ojos en las nubes y los pies en el agua, bella doncella, caerás. ¿Dónde estarás? ¿Dónde estará lo ido? ¿Dónde están aquellos rostros decrépitos que miraban con desdén y compasión nuestra juventud? Ya no están, pero son. ¿En qué? ¿La dulce señora es?

Corriente, corriente, muerte y salva lentamente. Es como una palabra, es como una encrucijada que tergiversa y enreda las sonrisas de tu mirada. No me gustan, no, a veces no lo sé. Levántate, Lázaro, tu sí que puedes levantarte entre los rostros. Envidia, ¡oh, joven Lázaro! ¿cómo os atrevéis a levantarte de entre los muertos? ¿No sabéis que te estamos esperando para la cena eterna? Aquel ya tendrá su última cena.

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