martes, 9 de octubre de 2012
Sobre la situación actual de la PUC
"Me da asco saber que pertenezco a una universidad que se dice tolerante e inclusiva, pero mantiene al margen a ciertos grupos de personas", escribí hace unos minutos por ahí mientras pensaba acerca del ambiente que se vive en la prestigiosa Pontificia Universidad Católica de Chile, la cual cada día pierde un poco más de esplendor en la medida que se encierra en un conservadurismo propio de una burocracia casi fascista y unilateral.
¿Qué debería entenderse por una universidad? En mi opinión, es aquella institución que trasciende el rol de "fuente de conocimiento e investigación para el progreso social", sino también es un espacio de diálogo en el que conviven diferentes posturas, ideas, realidades y culturas en el que se manifiesta la pluralidad del mundo y de las personas. La universidad, así entendida, es también diversidad, la cual parece no compatibilizar con la esencia de la PUC.
¿Podemos denominar a la PUC como una universidad si no cumple el rol fundamental de encuentro entre realidades y censura las voces de las minorías? Con actos como el seminario contra la homosexualidad que tuvo lugar el día de hoy, la PUC se aleja cada vez más de las ideas que cimentaron lo que hoy conocemos como pluralidad estableciendo, en cambio, un monopolio coercitivo de ideas que se esconden bajo un mal expresado alero católico.
La diversidad ha sido seriamente dañada en la PUC. Una vez más, la voz de una institución -que sólo consiente una postura unilateral- se hace más fuerte que la voz de quienes le dan vida a la misma. Finalmente, vemos con desdén que el universo de posturas no es respetado, y que la máxima católica se minimiza justamente en una institución que se hace llamar fiel seguidora de sus principios. Otras posturas, diferentes a la de las elites administrativas, simplemente son desechadas por “pasar a llevar lo que creemos”, y así lo ha afirmado Mario Correa, Secretario General de la PUC: “la Universidad puede discriminar a quienes se oponen a lo que plantea la Iglesia”.
Los actuales espacios de expresión, encuentro y diversidad tienen su expresión en las instituciones políticas e ideológicas que tienen su espacio en las aulas, salones -y en algunos casos- caminos y patios de la PUC. Movimientos como NAU, Crecer, RED UC y Queer UC son instituciones que buscan representar democráticamente los intereses y voluntades de sus miembros, instituciones que contribuyen a una vida sana y diversa en donde tiene expresión la riqueza de la condición humana. Sin embargo, dichas instituciones que surgieron por el deseo de unir voluntades y representar intereses también esconden un origen escabroso, no por parte de los alumnos, sino por parte de los dirigentes y administrativos de la PUC, los cuales en cierto modo consienten y permiten la existencia de éstas organizaciones solamente para "acallar al vulgo". Entendido así, podríamos decir que la PUC permite la existencia de éstos lugares de diálogo y diversidad en la medida que al otorgárseles voz, su voluntad y conciencia se vean complacidas con el hecho de expresarse, o dicho de otro modo, como una mala democracia, una suerte de "darle hueso al perro para que éste deje de ladrar".
Entonces, ¿es mediante la censura o el “fetiche político” que la PUC pretende construir una universidad inclusiva y democrática? ¿Es a través de la imposición monopólica de una idea que pretende formar profesionales íntegros en conocimiento, técnica y valores? La misión de la PUC se ha desvirtuado: si bien es una de las mejores universidades de Chile, tiene mucho que avanzar en cuanto a compromiso social –el cual no es construir mediaguas u organizar misas en poblaciones-.
Sin embargo, la existencia de dichas organizaciones sí tiene un sentido y esperanza, y estas yacen justamente en lo que desencadenó su surgimiento: el deseo de hacer escuchar y efectiva la voz de la diversidad. Es por ésta razón que debemos hacer que nuestras voces tengan la suficiente fuerza para no permitir que ocurran situaciones lamentables como la del Seminario anteriormente mencionado. La libertad y el derecho de poder vivir mi vida de la manera que yo quiero es algo que debiese prevalecer por sobre los intereses de cualquier institución, y más aún de una universidad que debe promover la diversidad.
La universidad la construímos todos como la queremos hacer, y es nuestro deber hacernos cargo de las responsabilidades y hacer valer nuestros derechos sin dejarnos abatir por lo que proclame una elite que, al parecer, se preocupa de perpetuar su idea a través de las generaciones sin hacer caso a las demandas del alumnado, profesorado y funcionarios. Sin lucha, no hay victoria.
domingo, 7 de octubre de 2012
Tocado
Es el día en que me usaron,
Es el día en que la tierra se abrió,
Es el día en que vació mi cuello y habló Nerón,
Es el día en que con fuerza me azotó,
Es el día del cruel desarraigo,
Es el día del en que todo él me arrebató,
Es el día en que mi sangre murmuraba,
Es el día en que las sirenas le cantaban,
Es el día en que con sus manos me tocaba.
Malditos bastardos, hijos del placer,
Corruptos e incoherentes,
Gallardos e insolentes,
Altaneros y tambaleantes,
Audaces y asonantes,
Dejen mis brazos, el cuerpo es mío,
No soy lo que tu quieres, soy tu deseo,
El gran Narciso ha secado las almas del río.
Mi sangre es veneno, mi sangre es delirio,
Es confusión y también ritmo.
Basta maldito, suelta mis manos y rompe mi cuello,
Vengaré la muerte de aquel que se ha ido,
Hacia la tierra que no le habían prometido.
Soy tu criatura, fruto de tus placeres,
Soy el hijo de la ira y del vicio,
De aquellas manos toscas e impunes.
Mira lo que has creado, desgracia ajena,
Mira al que algún día, con pies en ascuas y voz del caído,
Te quitará lo que has destruido.
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lunes, 24 de septiembre de 2012
Sobre la muerte y la trascendencia
Hola,
Les traigo el texto que resultó luego de una noche de pensamientos y reducción de ideas, y que a la vez es la continuación de otro texto que está más abajo. Fue asqueroso, me tuve que limitar a 5.500 caracteres para hablar sobre mi filosofía de la muerte y la trascendencia de la vida (¡eso es imposible!). Si hay ideas muy vagamente explicadas, ya saben la razón. Espero que lean y mueran en el intento.
Les traigo el texto que resultó luego de una noche de pensamientos y reducción de ideas, y que a la vez es la continuación de otro texto que está más abajo. Fue asqueroso, me tuve que limitar a 5.500 caracteres para hablar sobre mi filosofía de la muerte y la trascendencia de la vida (¡eso es imposible!). Si hay ideas muy vagamente explicadas, ya saben la razón. Espero que lean y mueran en el intento.
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El
miedo a la muerte permite preguntarnos por nuestro devenir, por lo incierto e
insuperable de aquel estado de la existencia. Este devenir desconocido abre la
pregunta por los intentos de librarnos de aquel yugo mortal: ¿cómo finalmente
podremos salir de nuestra naturaleza y traspasar el momento último de vida? ¿Cómo
es que podemos ir más allá de lo dictado por la condición humana?
El
solo hecho de la muerte produce un calar
en el alma, un vacío ante la no-existencia de la que somos parte en nuestra
condición humana, sentimiento funesto que se hace patente en lo que Heidegger
denomina la angustia. Dicha angustia
viene dada por la sola constitución del Dasein, de existir en este mundo como
presencia arrojada al mundo, al estar-en-el-mundo. En este sentido, Heidegger
afirma que el ser “está-vuelto-hacia-la-muerte”, es decir, que “lo más propio, irrespectivo e insuperable
del hombre es que va a morir”, pero no como un hecho inminente de un no-todavía que me va a suceder en el
futuro, sino como algo a lo que estoy “dirigido” definitivamente, quiera o no
aceptarlo, reflejado en la manera propia e impropia del Dasein en la cotidianeidad.
El hombre reconoce a su misma naturaleza como un tender-hacia-el-fin de su propia
existencia, una suerte de conciencia de su muerte.
Ahora
bien, ¿no es esta conciencia de la muerte algo que produce un sentimiento de
pesar sobre la existencia del hombre? ¿Cómo no sentir angustia frente a la posibilidad
más fehaciente de no-ser-más? Es esta angustia planteada por Heidegger, lo que
lleva a la persona a querer superar su finitud y trascender lo propio de la
existencia humana. Pareciera que yace aquí el germen de todo actuar humano en
pos de superar la barrera natural que le fue fijada en su principio de
existencia. Junto, la constitución de la representación individual de la muerte
acontece en el contacto con otros, y más aún “en el contacto que el ser tiene
con la muerte del que no es él, sino como otro diferente a mí”, como diría
Emmanuel Lévinas. En el contacto entre personas puede develarse un carácter cultural
que condiciona mi representación de la muerte, y por tanto, la configuración de
los medios de permanecer en este mundo como consecuencia del ethos cultural.
El
ímpetu con que nos enfrentamos ante este destino ha visto su correlato, como
diría Hannah Arendt, en el trabajo (como “lo producido”) y en la acción (como acción
política de organizar la vida en común) que están encaminadas implícitamente al
reconocimiento y permanencia del hombre en el mundo.
Por
un lado, tenemos al trabajo como un
camino al que ha recurrido el hombre para ir más allá de sí. Para estos
efectos, lo definimos como “lo producido” por el hombre con un fin, ya sea
utilitario, o el que nos es pertinente, como un fin en sí mismo. Esta última definición de objeto producido como
fin en sí mismo hace exclusiva alusión al arte,
el cual es según Arendt, “lo más inútil [utilitariamente hablando] y lo más
duradero que el hombre puede producir”. Acá notamos que el arte tiene un
creador humano que pone algo de sí en
su obra, obra cuyo fin es permanecer a
través de las épocas. ¿No parece esto de alguna manera un medio que tiene el
hombre para superar el umbral de su muerte? El hombre crea, de este modo, para
dejar algo de sí en el mundo cuando su carne tierra sea: a través de la
creación artística el hombre deja en el mundo algo con lo que puede ser
recordado y de cierta manera, permanecer, pues se pone a sí mismo en el fruto de
su trabajo.
La
acción, según la definición de Arendt anteriormente dada, implica la actuación entre personas hacia un fin, el
cual es inseparable del logos, de la
palabra en el sentido dialéctico del término, ligados en la interacción entre
dos individuos que se reconocen como distintos. Es en esta interacción del uno
con el otro donde se encuentra la constitución de la identidad personal, una suerte de “te construyo y tú me
construyes”. Julián Marías llama a esto como la “configuración del mapa
personal” y Ricoeur lo reconoce como la “constitución del relato personal”, en
donde la persona a través de la interacción con el Otro en el logos, crea una apertura de su biografía
en donde el Otro escribe lo que soy, relación hasta simbiótica. Me presento
como un libro abierto en el que el Otro, con la pluma y la tinta de su propia
esencia, escribe lo que soy. Siguiendo la línea de Ricoeur podríamos afirmar que
“soy lo que tú dices de mí, porque en nuestro encuentro nos construimos el Uno
al Otro”. De esta manera, parece lógico el hecho de que la persona se dona al otro en una relación de reciprocidad, ¿y qué
es esto sino otra manera de permanecer en el mundo? Hay un algo que le dono a
esta persona, que le constituye y permanece
en él como parte de lo que es, algo
que inclusive puede superar a la propia muerte. Esto llevado a su máximo
extremo concluye en el amor donde el Uno se da al Otro, se construyen en el
alma de su amante y crear una unión que inclusive puede vivir aún cuando uno de
ellos haya partido.
Estas
formas de ir más allá del momento de gloria en el que me presento en desnudo
ante la muerte pareciesen ser eficientes en el aspecto de la condición humana,
en el que si bien comprendo mi muerte como algo insuperable, dejo mi esencia en lo que creo y en el ser de
otros. “Aún cuando ya haya partido,
recuérdame y estaré siempre contigo”, solía decir mi madre. No se ha
equivocado.
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LE FIN
LE FIN
sábado, 22 de septiembre de 2012
Corriente de conciencia en una noche estresada: plenitud y muerte
El pensar abre un
camino.
El preguntar es la
devoción del pensar.
La pregunta abre un
camino.
Un camino hacia una
respuesta que llene al alma.
¿Qué alma? ¿Qué dolor?
El dolor de la
existencia
Esa bella doncella, la
muerte
La que veneran,
La venerada,
La escondida y
repudiada,
La que no llega, la
que no está
La que es en mí
Doncella, ¿por qué me
clavas?
La muerte es lo que cae sobre todos. No. Es inexorable. Un no. Un no
ser. Un no-existir. Angustia. Dolor. Miedo y existencia. Miedo y dolor. Solo.
Protegerme. ¿Dónde? Me acusa, me mira con sus ojos y me apunta con el dedo
mientras yazco de rodillas ante tan magnífico y soberbio ser. ¿Ser? ¿La señora
es tan soberbia? Si podemos decirlo, es porque podemos decir que es. Ella, con
ímpetu se mueve, sus figuras se contornean como un letal agasajo ante la mirada
dolorosa del oprimido. Me mira soberbiamente. Me compadece. Pero no está allá.
Muerte soy yo. Muerte es él, muerte es yo. Me multiplico. Me salgo. Estoy allá
y soy en mi. Me juzgo, ¿quién es la muerte si soy yo y es el que me acusa?
Arrodillado y apuntador. Acusador. Seductora. Muerte, ¿por qué me clavas?
La muerte, soberbia doncella, nos acusa con su dedo audaz mientras
yacemos arrodillados ante ella. El hombre siente angustia y miedo ante su
acusación, el hombre busca erguirse y afrontarla, ¿pero qué puede hacer para
levantarse?
Recuerda, recuerda, joven virgen de las flores, que morirás. Recuerda que eres polvo, recuerda que eres todos y somos uno, recuerda que eres muerte y que ella es polvo. Recuerda que eres huesos, recuerda tu carne majestuosa porque mañana ya no estará. Recuerda que no. No más. Llega el momento. Pero el momento eres tú. Momento. Momento del memento. Memento Mori. Recuerda, joven, bella bailarina con los ojos en las nubes y los pies en el agua, bella doncella, caerás. ¿Dónde estarás? ¿Dónde estará lo ido? ¿Dónde están aquellos rostros decrépitos que miraban con desdén y compasión nuestra juventud? Ya no están, pero son. ¿En qué? ¿La dulce señora es?
Corriente, corriente, muerte y salva lentamente. Es como una palabra, es como una encrucijada que tergiversa y enreda las sonrisas de tu mirada. No me gustan, no, a veces no lo sé. Levántate, Lázaro, tu sí que puedes levantarte entre los rostros. Envidia, ¡oh, joven Lázaro! ¿cómo os atrevéis a levantarte de entre los muertos? ¿No sabéis que te estamos esperando para la cena eterna? Aquel ya tendrá su última cena.
Corriente, corriente, muerte y salva lentamente. Es como una palabra, es como una encrucijada que tergiversa y enreda las sonrisas de tu mirada. No me gustan, no, a veces no lo sé. Levántate, Lázaro, tu sí que puedes levantarte entre los rostros. Envidia, ¡oh, joven Lázaro! ¿cómo os atrevéis a levantarte de entre los muertos? ¿No sabéis que te estamos esperando para la cena eterna? Aquel ya tendrá su última cena.
martes, 18 de septiembre de 2012
Andante
Hace no mucho rato
atrás, me encontraba leyendo una conferencia que hizo Hannah Arendt acerca de
los conceptos de Labor, Trabajo y Acción y su parte en la constitución de la
vida personal, social y, aún más, la condición humana. Por cierto, me gustan
las palabras francesas para designar a esa serie de procesos y características
de diversa índole que constituyen al ser humano en su integridad: condition humaine. Leía mientras mi
hermana cocinaba y mi abuela cortaba pastillas para formar su cóctel diario que
alarga su vida un poco más. A veces me pregunto para qué quiere vivir más, creo
que si le preguntara podría ser una fuente de sabiduría y abundancia enorme,
pero primero tendría que lograr que pudiera escuchar bien. Ese es otro milagro en
sí mismo, y además, ella no me dijo que las banderas flameaban por mí.
Destaqué esto del
texto: “A pesar de que todo el mundo comienza su propia historia, al menos la
historia de su propia vida, nadie es su autor o productor. Y, sin embargo, es
precisamente en estas historias donde el significado real de una vida humana se
revela finalmente. El hecho de que
toda vida individual, entre el nacimiento y la muerte, pueda a la larga ser
relatada como una narración con comienzo y fin es la condición prepolítica y
prehistórica de la historia, la gran narración sin comienzo ni fin. […] La
historia real en que estamos comprometidos mientras vivimos no tiene ningún
autor visible o invisible, porque no está fabricada”.
Lo primero que me
llama la atención es la reivindicación del vínculo de la acción –entendida como
la orientada a organizar la vida en común, la política- y el lenguaje, la
palabra, la comunicación, el logos. Las relaciones humanas se dan en el campo
de la palabra, en donde nuestra acción –que tendría este carácter virtuoso-
tendería a revelar al ser. Quiero
poner énfasis en la palabra revelar,
porque indica que este ser, de alguna manera u otra, está dado en el mundo y tenemos que dirigirnos hacia develar a este ser,
al yo, al desocultar la esencia de
nuestro ser.
Creo que ahora
podemos ver más claramente el reto al que se enfrenta al hombre: el encontrar-se,
a preguntarse por el quién más que el
qué. Ahora es cuando surge una nueva
pregunta, “¿cómo?”. Acá yace la razón
de por qué empecé citando a la soberbia Arendt: el encuentro del ser tiene un
carácter dialéctico, el ser acontece en
el lenguaje. Ahora nos encontramos provistos de un arma poderosa que nos
abrirá camino a lo que nos concierne, el lenguaje, y por lo tanto, la pregunta,
es lo que parece que nos puede dar una respuesta al quién.
Al asegurar esto
tenemos que reconocer una implicancia
sine qua non lo anterior se invalida: el
diálogo se da entre personas. Si la existencia y el ser se encuentran
ligadas como por un delgado hilo invisible, pero que está destinado a
ser-en-uno, y si este ser-existente se encuentra arrojado a la existencia (como
lanzado al mundo) tal como Heidegger afirmaría, podemos decir que este ser se
precipita a un mundo que se encuentra dado, pero no en el sentido estricto de
la palabra, sino en construcción.
Hacemos una
distinción en lo que yo llamaría el mundo
natural que es el que se encuentra dado y con el cual el hombre se
encuentra en estrecha relación de violencia, y el mundo que surge de este
estado de interacción violenta, el cual designo como mundo humano, a falta de una palabra más precisa. La interacción entre
éste hombre y su entorno es justamente natural, y podríamos decir que es parte
de la condición humana. Podremos ver ejemplos en las casas que construimos, en
el río que está bajo la central hidroeléctrica, y más ampliamente, en el
ejercicio violento de la extracción del mundo natural que existe al sacar lo
material de la materia dada (por ejemplo, la materia como el árbol en sí y la
materia como la madera que es resultado del monopolio violento del hombre sobre
lo natural, el talar y procesar). Dentro de este mundo humano, que como dije
anteriormente, es resultado de la interacción entre lo natural y el hombre,
podemos encontrar toda construcción, ya sea física, metafísica, moral o social
hecha por éste individuo. Lo que curiosamente se niega rotundamente a
pertenecer a este mundo es el hombre mismo, que está dado en el mundo, que se arroja desde lo alto en su ser y
existencia, y cae al mundo, cae y es dasein, es ser-ahí.
Quizás a esta
altura la mayoría de los lectores estén confundidos respecto a lo que acabo de
decir y la relación que tiene esto con el problema que nos plantea la
construcción biográfica, y por tanto, el quién somos (toda historia debe tener
un principio, un fin y un protagonista), pero les prometo que pronto todo se
revelará como una teoría, si no interesante, al menos curiosa para algunos que
suscitará la pregunta –que es mi objetivo final-.
El ser-existencia,
que es parte del mundo natural, se encuentra entonces arrojado al mundo en el
que empieza a construir en base a su relación con este mundo al que fue
arrojado, empieza a crear y dar lugar a cosas que necesita. Esto en un
escenario de hombre único, pero podemos complejizar el escenario actual y
hacerlo, de cierta manera, más acorde a nuestro propósito. El hombre-arrojado
no llega a un mundo en el que deba construir todo, algunas cosas que no
pertenecen a este mundo natural ya están dadas, en otras palabras, el hombre llega a habitar un mundo que ya
está habitado por otros hombres, que han construido el mundo humano.
El hombre no se
encuentra solo en este ambiente, se encuentra rodeado de otros seres con los
que está en constante contacto y con los mismos seres que han llegado antes que
él y han contribuido, a través de la labor y el trabajo, a crear las cosas que
ya existen, que están dadas de otra forma a las que está dada la forma de la
Tierra. Entre estas cosas dadas pero no naturales podemos nombrar a algo que
quizás ya le resulte familiar al lector si ha leído los párrafos anteriores: el
lenguaje. El hombre llega a habitar el
lenguaje, y es el lenguaje el que
permite preguntarse “quién”.
Los hombres se
relacionan en el lenguaje, y es en este contexto de relación con otros hombres
el que se hace la pregunta por el “quién”. En palabras de Arendt, “(…) el acto
primordial y específicamente humano debe siempre contener, al mismo tiempo, la
respuesta a la pregunta planteada a todo recién llegado: ¿Quién eres tú?”. Para
nuestros efectos, entendemos que dicha pregunta del quién soy, y por consiguiente, la pregunta por el ser, tiene lugar
en el reconocimiento de otros, en el contexto en que me relaciono con otras
personas en las que, a su vez, reconozco como un ser, un otro.
Lo que acabamos de
exponer tiene una importancia primordial en el día de hoy. Lo expuesto por
Arendt puede ser una suerte de nueva esperanza en la época de la píldora y la máquina,
en donde esta última ha alcanzado tan alto nivel de desarrollo que la pregunta
si la máquina debe adaptarse al hombre o si el hombre debe adaptarse a la
máquina que ha creado, ha suscitado una polémica trascendental (en especial en
el segundo caso, que sería totalmente destructivo para la humanidad). La
máquina moderna y el avance de la tecnología ha supuesto, entonces, un olvido
cuasi-total de la pregunta por el ser del hombre, es decir, que el hombre ha
perdido, en un contexto de una sociedad sistematizada, burocrática,
estructural, racional y de la opulencia, la capacidad de preguntarse por sí
mismo. Ya no importa quién soy, lo que importa es que tengo mi televisor (y eso
me hace feliz). El ser en este mundo se haya perdido, y la respuesta de Arendt
de dirigirse a sí mismo a través del contacto fraterno entre otros, puede
volver a revelar al ser, sacarlo de su escondite y hacer que éste pueda volver
a preguntarse “quién soy”. La nueva esperanza del ser yace en el reconocimiento
del otro como una persona.
La “nueva
esperanza” brinda la posibilidad de que nuestra historia personal, nuestra
biografía, se actualice y complete su máxima potencialidad. Ya no es una
historia con comienzo y un final, ya no es una historia de la nada que comienza
en espacio y tiempo y finaliza en estas dos dimensiones; surge el ser
impregnado del privilegio que toma parte y hace propia su historia, la misma
historia que le pertenecía y ha creado, se convierte en su protagonista y tiene
cabida en este contexto. El hombre tiene su historia [story] que es parte de la
historia [history], historia que recoge los relatos personales y se convierte
en un gran libro sin comienzo, fin ni autor, porque la historia es todos, es
nuestra narración, es la historia de
nuestras relaciones superiores con valor en sí misma, en acción. El hombre puede narrar quién es, y esta narración
es parte de la Historia, de la gran narración sin comienzo ni fin.
A
pesar de que mi abuela seguía picando pastillas en mi mente y mi hermana se
quejaba porque sus cupcakes Dukan no habían tomado la forma que ella quería, yo
seguía pensando en la maravillosa noticia que acababa de recibir. A veces me
gustaría ser periodista, quizás así pudiese decirles que aún tienen oportunidad
de encontrar quienes son, pero eso sería tremendamente egoísta: no a muchas
personas le interesa saber quiénes son, o simplemente, ya creyeron encontrar
una respuesta satisfactoria y no les queda inquietud. Quizás aquellas personas
ya están más adelantadas que yo, o quizás están imbuidas en distracciones que
las sacan de uno. Yo no sé, nunca sabré, nunca podré saber nada de lo que ellas
sienten ni solidarizar verdaderamente con ellas, pero ese es un tema de lo que
hablaré en otra ocasión. A veces pensar duele, y conlleva tanta satisfacción
como tanto dolor, pero al final creo que esto es un deleite para el alma de
algunos, la mía por ejemplo. Es un precio justo.
Fue
una buena noche. Más aún porque mi celular no paraba de sonar con una bella
melodía de una canción noble que era sentimiento. Era sentimiento que se
transmitía por internet, qué crudo. Era feliz, y eso era cierto. El jueves lo
sería más.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Tontos
Me miraba al espejo mientras estaba en el baño. Aquel lunar arriba de mi pecho izquierdo me molestaba bastante, pero parecía formar parte de mi cuerpo, como que no sé, era como si el lunar solo fuera feo en sí mismo, pero en mi era bello. ¿Era bella yo?
Que pedazo de maricona era, me dije mientras me metía a la ducha. Solo Dios sabe cuánto odiaba el agua fría, y ahora tenía que bancarme esa respiración acelerada que te da cuando te bañas con agua congelada, ¿por qué? Porque soy huevón. De seguro vendría aquel señor con ese molesto bigote a cortarme el agua. Me recordaba a una morsa. Un día le pregunté si se había dejado el bigote para que se le llenara de migas de pan y rió. Luego le pregunté si quería metérmelo por detrás. Seguía pensando que el agua estaba fría.
Que pedazo de maricona era, me dije mientras me metía a la ducha. Solo Dios sabe cuánto odiaba el agua fría, y ahora tenía que bancarme esa respiración acelerada que te da cuando te bañas con agua congelada, ¿por qué? Porque soy huevón. De seguro vendría aquel señor con ese molesto bigote a cortarme el agua. Me recordaba a una morsa. Un día le pregunté si se había dejado el bigote para que se le llenara de migas de pan y rió. Luego le pregunté si quería metérmelo por detrás. Seguía pensando que el agua estaba fría.
Me gustaba gemir cuando estaba bajo el agua, pero no fría hueón, esa cosa es mala, le debe hacer mal a una estar tanto rato suspirando y gimiendo con la boca abierta. Por eso debe haber algo en la boca. Y quizás es por esa misma razón que hay tantos hoyos en la calle. No es el dinero, quizás el que falta para que vayan, quizás les falta encontrar algo que los llene de verdad. Pero si se llenasen ya no serían hoyos, como si el bigote del viejo estuviese sin migas de pan, ya no sería el viejo.
Puta la hueá que estaba fría. Sentía el hielo correr por mi espina mientras mis piernas se tornaban unos fideos chinos. La diferencia es que esos fideos necesitan agua caliente para estar blandos. Por eso se me endureció. Mañana tenía prueba y el señor del agua no había venido, por Dios, ¿qué iba a hacer? Necesitaba saber qué pensaba de ese lugar.
El Mauro me tiró una bola de papel que me llegó en la nuca. Siempre pensé que Mauro era una persona demasiado profunda, tan profunda, pero tan profunda que llegaba a ser hueca. No había nada dentro de él más que un vacío que era perfecto caos y orden, era tan pleno como un hoyo tapado, era como nada y por eso me parecía que flotaba al andar. Flotaba como en agua, como en el agua en que uno se perdía pero siempre estaba donde mismo, como el agua que no tiene horizonte pero la marea te saca y te vuelve a poner en donde estabas.
La bibliotecaria parecía un ave de rapiña posada en mi cabeza. Casi podía sentir su pico mientras leía sobre sobre los procesos judiciales. De hecho creo que más de alguna vez me picó. Se decía que la había abandonado su esposo porque ella le había pedido que se afeitara el bigote, que estaba cansada de tener que comer pan cada vez que la besaba.
El cliente siempre tiene la razón. Es por eso que tocaron mi puerta. Usted ha sido enjuiciado, me dijeron. Todo se le dirá en el momento que sea correspondiente. Todo lo que diga podría ser usado en mi contra. Pero yo dije que tenía que volver a la ducha, mis piernas eran fideos chinos y ellos eran incapaces. Sólo miraban mi lunar. Pero afortunadamente no era el señor del agua, me hubiera dado vergüenza que hubiese visto mi carne desnuda frente a aquellos corpulentos hombres que me decían que se acercaba el proceso.
¿Qué proceso? ¿Me metieron en un libro? Que son hueones. La gente no nace para meterse en los libros. La gente nace en los libros. Pero el Mauro nació en libro escrito, por eso flota en agua, por eso el señor morsa da el agua, por eso la luna está relacionada con el agua y por eso me enjuiciaron.
¿Qué tiene de malo haberse matado?
¿Qué tiene de malo haberse matado?
lunes, 13 de agosto de 2012
domingo, 12 de agosto de 2012
Pensando en la muerte: Presentación
Hola,
Tengo un electivo que se llama Para Pensar La Muerte que me obliga a pensar en volás cuáticas. La primera evaluación es justamente acerca de cómo yo voy a abordar la temática del curso, es decir, ellos me darán herramientas y yo tengo que pensar la muerte desde un tópico que yo elija. Como ME ENCANTA complicarme la vida, elegí hacerlo acerca de lo trascendental de la muerte, lo óntico y finalmente sobre el devenir del ser.
He aquí lo que escribí escuchando Run de Air y Born To Die de Lana Del Rey.
Tengo un electivo que se llama Para Pensar La Muerte que me obliga a pensar en volás cuáticas. La primera evaluación es justamente acerca de cómo yo voy a abordar la temática del curso, es decir, ellos me darán herramientas y yo tengo que pensar la muerte desde un tópico que yo elija. Como ME ENCANTA complicarme la vida, elegí hacerlo acerca de lo trascendental de la muerte, lo óntico y finalmente sobre el devenir del ser.
He aquí lo que escribí escuchando Run de Air y Born To Die de Lana Del Rey.
Quizás uno de los temores más comunes en las personas es el miedo a la muerte. Nos preguntamos del carácter metafísico de esta hecho y la respuesta se nos revela desoladora y cruel, por lo que intentamos librarnos de aquel destino. Entonces la pregunta por la muerte se vuelve una interrogante por la trascendencia a ésta y por los esfuerzos del hombre por superar su fatídico e inexorable fin.La muerte siempre ha sido un tema exótico e inclusive morboso de analizar, especialmente en la sociedad y cultura en la que nos desenvolvemos actualmente. El ámbito de la pregunta por la muerte que trataré es quizás uno de los más escabrosos: la pregunta por el devenir detrás del proceso de la muerte es algo angustiante e incierto y es precisamente este sentimiento el que nos lleva a querer superar la finitud de la vida. Ahora bien, mi interrogante por sobre las formas de trascender surge desde mi propio temor a mi devenir individual, de mi constitución personal y desde un pavor interno a cómo lograr una trascendencia que no está asegurada mediante una fe religiosa o supuestos humanos. El encontrar esa manera, ese mecanismo incierto, aquel modo de ir más allá de la muerte quedándose, paradojalmente, en este mundo para trascender, es el nicho del cual florece el cuestionamiento que me dispondré a tratar en el curso.Dada la amplitud del tema y las consideraciones pertinentes, es también justo reconocer que la problemática planteada posee diversas aristas desde la cual puede ser abordada y que de la misma se desprenden otros planteamientos sobre el devenir trascendental del hombre.Una de las preguntas centrales que surgen al referirse al tema es si es siquiera posible una respuesta al orden trascendental de la muerte, o dicho en otras palabras, si es factible el poder trascender de alguna manera a la finitud, si tenemos como personas esta capacidad de sobrepasar la muerte en este orden cronológico natural o simplemente es una imposibilidad ontológica constituyente de la condition humaine. ¿Podremos finalmente ser?Otro de los temas que deriva de esta problemática tiene estrecha relación con lo anterior y sigue siendo un tema extenso en sí mismo es sobre lo que tiene de constructo o representación del concepto de muerte lo que conocemos como su devenir, como una respuesta que los hombres elaboran para satisfacer a lo desconocido de esta trascendencia y qué es lo que existe tras la muerte. Claramente no podremos saber con certeza lo que es la muerte de suyo ni mucho menos lo que hay tras de ella, pero una pregunta crítica sobre lo conocido puede facilitar un análisis al abrir nuevas perspectivas. Todo lo que tenemos como concepto de muerte, ¿qué validez tiene? ¿Podemos saber algo realmente de la muerte?Relacionando ahora con la muerte en lo histórico, cabe preguntarse qué ha hecho que pasemos de una concepción naturalista-mística de la muerte como un proceso que sería la antesala de una vida posterior cósmica o terrenal. ¿Qué ha sido lo que ha cambiado? ¿Qué rol tiene la cultura en la conformación del concepto de la muerte?Sin embargo, uno de los puntos neurálgicos de la problemática habla justamente de los medios que tienen las personas para perpetuar su existencia cuando se encuentran en esa instancia última frente a la muerte. ¿A través de qué medios podemos “burlar a la muerte” y tener el privilegio que se les concedía solamente a ciertos personajes míticos, de seguir existiendo tras la muerte terrenal? ¿Son estos mecanismos eficientes como para asegurar que mi condición humana siga siendo el “ser”? Los desafíos que presuponen responder estas dos preguntas son, si no al menos de dificultad considerable, peligrosos en el sentido de que frente a todo el cuestionamiento, puede que la respuesta final sea más desoladora que la misma muerte. Como diría Heidegger, “el preguntar es un modo del desocultar”, pero no toda respuesta puede ser la que buscamos. Sapere aude.
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Obviamente lo corregiré, tengo hasta el martes para entregarlo.
Conejinis y besinis,
El Socioloco
miércoles, 1 de agosto de 2012
La Neopolis
Confieso que uno de los placeres infantiles culpables de mi vida es jugar a las escondidas. Es un juego
entretenido, recuerdo que lo jugaba con mis amigos y primos cada vez que iba a sus casas, y claro, yo terminaba picado porque los otros niños jugaban con "libra compañeros". Y muchas veces jugábamos a escondidas y con asustarnos.
A todos nos gusta escondernos, y a algunos nos encanta que nos sorprendan. Ahora que ya tengo pelos en lugares que no tenía años atrás, que mi voz se ha agravado y mi anatomía se ha formado -deformado, si somos sinceros-, confieso que aún me gusta esconderme... pero es como un placer masoquista.
El sábado retorné a la capital. A medida que el bus se acercaba a la ciudad de las luces, the flesh-light city, me invadió el temor de estar siendo engullido por un oscuro y enorme monstruo. No sé por qué imaginé eso, pero sentía que a medida que se movían los números del kilometraje me acercaba aún más a las entrañas de aquel familiar y seductor ser, como si éste esperara mi llegada después de una dolorosa despedida.
La ciudad me esconde. Nadie me conoce. ¿Quién es el individuo que ha pasado a mi lado? ¿Esa señora cocinará estofado o renunciará a su trabajo? ¿A qué bar irá ese hombre? ¿Y por qué aquel niño mira desconcertado una rayuela? ¿Por qué todos ocupan la misma salida del metro? ¿Quién dijo que los autos vayan en ese sentido? ¿Y las rotondas son círculos u óvalos? ¿Dónde están las personas? Las personas se esconden tras el concreto, las personas se sienten seguras tras las vigas y hacen de las señales de tránsito sus totems en los que consagran la vida. Bautizamos las veredas sin darnos cuenta de la historia del monstruo y sus constructores, de los que han contribuido a darle vida y que caminan a nuestro lado, quizás encarnados en una pequeña niña que cruza la calle en el momento que un camión se acerca a ella.
El monstruo lo hemos creado nosotros, pero nadie sabe cómo es un monstruo. ¿Quién más que el mismo monstruo tacaño se ha preguntado por sí mismo? ¿Quién más que nosotros le da vida al alquitrán celoso? El monstruo no es malo, el monstruo es nuestra madre y es nuestro padre, es nuestro Dios y nuestro demonio, tiene un poco de bestia y un poco de sacerdote, un poco de nosotros y a la vez no es nadie.
Hemos dado lugar en este mundo a una criatura que ya no depende de nosotros, que celosamente nos da de comer -a algunos más que otros- y autos con los que ser atropellados (¡salvad a la niña, recuerden su nombre!).
Somos hijos del concreto. Cuando volví en mi, ya estaba en el metro camino a una fiesta maraca en Manquehue, llevando oxígeno a través de las venas del monstruo.
martes, 31 de julio de 2012
Radiografía una fiesta maraca de Plaza Italia hacia arriba
El sábado pasado viajé tres horas desde la perdida tierra de Santa Cruz hacia la metrópoli cosmopolita y absorbente que es Santiago para retornar a mi amada rutina diaria, a la vida santiaguina, y por supuesto, para carretear todo lo que no había podido carreteado en el valle colchagüino. El día anterior había recibido una llamada de mi amigo con tetas invitándome a un Lemon Lab en Casona Morandé, y yo ni tonto ni perezoso acepté gustosamente esperando esa noche alcoholizarme y bailar hasta la muerte (supongo que todos deseamos eso alguna vez, es un tema que espero analizar más adelante).
Todo lo que ocurrió esa noche no fue nada de lo que había planeado.
Llegué a mi casa a eso de las 21.00 hrs. del sábado y recibo otra llamada de mi amigo con tetas, indicándome que habría una previa en la casa de una amiga con pene. Me arreglo y salgo corriendo hasta su casa en Providencia, pero en pleno metro recibo otra llamada diciendo esta vez que irían a una previa en Manquehue, a la casa de un amigo de mi amiga con pene. Paracaidistas de primera, eh. Llegamos a dicho edificio (muy lais, cuico y todo) y fuimos recibidos por un -gotta say it- hombre muy agraciado (BABA CONCHETUMARE) que nos invita a pasar y a beber. Nos sentamos ante un grupo exótico y empezamos a hablar mientras se alcoholizaban con champaña, Alto del Carmen y menjunjes varios.
El anfitrión era Daniel, pero le gustaba que lo llamaran Daniela. Era una suerte de Nelson Mauri versión cuica y egresado de periodismo en la UC, pero casi igual de mujersh y totalmente una yegua rubia top. Los otros no diferenciaban mucho, inclusive había un hombre que le gustaba que lo llamaran "la Virgen" (más adelante hablaré de él). Daniel nos empezó a interrogar sobre lo que estudiábamos y pensábamos del arte mientras empezaba a ponerse grotescamente colorado por la champaña, aumentando también de manera exponencial las coprolalias formuladas por sus labios y desprendiéndose progresivamente de su género, hasta que empezó a vociferar acerca de su ex mientras, en la terraza, otros ex's tenian un remember que iba a camino a culiember.
Confieso que mis amigos y yo estábamos ya bastante bebidos cuando empezaron a tomar Ravotril, fumar marihuana y consumir otras sustancias poco lícitas y de dudosa procedencia. Ellos parecían felices y se esforzaban olímpicamente para parecer amigos, pero no era así: eran falsos y se odiaban unos a otros, se notaba en sus rostros y sus palabras, esas pequeñas miradas fugaces pero fulminantes que se lanzaban unos a otros deséandole lo peor del mundo a quien fuera el destinatario de aquella flecha. Eso me hizo pensar, dentro de mi alcoholizado ser, ¿qué razón tendrían para estar asociados si no había vínculos reales y reinaba la falsedad (al punto de que esta falsedad era la única certeza)?, y ahí me percaté que, aquellas almas desdichadas, no tienen nada más que hacer en y de su vida que construir lazos, que en jerga llamamos "vínculos asocioativos electivos", para superar la soledad que, irónicamente, es su única compañera en esta marcha hacia el devenir.
Daniel a.k.a. La Daniela se quejaba de que su ex lo había dejado por un "pendejo de 17 años" que estaba en 4º Medio, y que dejaría que se quedara con él para valorar lo que había perdido, para que se entretuviera y luego se diera cuenta que nadie está a la altura de él; la Virgen (cuyo nombre se debe a un sarcasmo obvio) se acostaba con hombres al azar solamente para sentirse satisfecho consigo mismo y capaz de hacer todo lo que se proponga, como una forma de olvidarse de otras cosas que da la impresión le cuesta resolver; los exs que se comían lloraban uno frente al otro mientras se besaban, lo curioso es que fueron exs de una semana y que habían más exs de ellos en la fiesta que colas en concierto de Gaga; las mujeres hablaban de lo cruel y difícil que era ser mujer y de lo divertido que es ser lesbiana, del woman empowerment y cosas de esa índole; el chico hermoso que me recibió estaba drogado con Ravotril, alcohol y marihuana y le pegaba palmadas en-donde-cayera a su pareja para que lo dejara de molestar, mientras su pareja (que en realidad, era su amante) le susurraba que lo amaba; mi amigo con tetas se reía de todo de lo ebrio y mi amiga con pene enviaba SMS. Yo observaba atentamente, desviando de vez en cuando la mirada a mi vaso vacío.
Me di cuenta que la droga estaba en sus mentes, corriendo a través de sus venas, corroyendo el cuerpo en que habitaban y silenciando la razón.
Pero, no negaremos que esto es divertido, al final siempre necesitamos olvidarnos de nosotros mismos para vivir tranquilamente aunque sea por unas horas... el peligro es olvidarse de sí mismo y contentarse con lo dado, lo natural y real.
Por eso bebí, por eso tenía las mejillas rojas y calientes, y por eso estuve compartiendo con gente que claramente no compartía más que el deseo de ser aceptados y amados por los que se encontraban ahí. Yo era uno de ellos, pero pensaba. Nunca estaré seguro si los extraños entes a mi alrededor habían ya cruzado la línea que atravesé esa noche.
Besinis y conejinis,
El Socioloco
PD. Creo que con esto pensarán que carretear conmigo es super fome, pero en realidad soy super distorsionado cuando quiero jjjjjj. Siempre dispuesto a carretear.
lunes, 30 de julio de 2012
Introducción
Seamos sinceros, ¿cuántos de nosotros se declaran culpables de leer con tedio los libros (o resúmenes, todos lo hemos hecho) que nos entregaban en los tiempos en que usábamos bestón y jumper? Muchas veces se nos hacían molestos, inclusive ¿quién no prefirió copiarle a un compañero sabiondo y ñoño a leer?. Yo era ese ñoño, un ñoño que se encantó con una historia que parecía un irónico y cruel reflejo innegable de mi ser, aunque lo odiara en un principio intentando negarlo y pensando en conejinis y cosas más bonitas lero lero. Aquel libro era Demian de Herman Hesse, y no puedo evitar recordar una frase que creo puede dar atisbos de lo que pienso.
"No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas: sabe a insensatez y a confusión, a locura y a ensueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse a sí mismos.
La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un sendero. Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo; pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno como puede.
Quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí.
¿Por qué habría de serme tan difícil?"
Sabias palabras de Hesse, creo que un amigo con tetas me golpearía con sus tacos porque escribo esto.
Creo que este es el temor de cada hombre: el temor a descubrir nuestro sendero. Nos mentimos constantemente sobre lo que realmente somos, contentándonos con responder cosas con un fordismo magistral y enumerando una serie de adjetivos que finalmente intentan forzosamente identificarse con nosotros, pero son simples máscaras flexibles, y terminamos por olvidar contestar la pregunta ontológica de lo que somos: he ahí el nombre de este blog, cuya finalidad es retratar mi vida como si fuera algo que "mi sangre me relatara" y encontrar en este oscuro relato "la huella de un sendero" que pueda llevarme lo más cerca posible de mi ser, como una apertura luminosa a lo que tengo para llegar a ser.
Ahora bien, ¿podemos preguntarnos por lo que somos? ¿tenemos la valentía como para seguir el camino que nos indica nuestra misma condición de existencia? La cruzada de cada hombre es seguir el sendero de sí mismo.
Estamos en la era de la píldora y el ingeniero en donde nuestra pregunta antropológica se ha perdido en un mar de símbolos y una sociedad multicultural e industrializada, sin embargo, que algo esté perdido no significa que no exista. La pregunta finalmente puede recuperarse, podemos comprender el confuso mapa que se nos ha entregado al momento de romper el cascarón del cual nacemos, tenemos el poder de resquebrajar lo que nos ha aprisionado y superar estas estructuras para salir a una vía, una vía tenebrosa en donde nuestra sangre es la brújula que dirige a nuestra alma. Aún en un mundo frío y desolado, tenemos la oportunidad de acontecer, privilegio único de la vida. Arendt asesinó al asesino de Dios.
Mi intención no es aburrirlos, es más, planeaba escribir un poco más de lo que soy ahora, pero creo que tiene más relevancia (y trascendencia) hacer una declaración de lo que me propongo a hacer, y de paso, hacerles una invitación a desviar la mirada de aquel sol que, por más que nos ilumine, nos enceguece, y volver a mirar el real, morboso, etéreo, oscuro y luminoso sendero que tenemos delante de nosotros, en el cual por lo menos tenemos la esperanza de conocer más de nosotros mismos y encontrar la paz perdida. Soy tan romántico jiji.
Mi intención no es aburrirlos, es más, planeaba escribir un poco más de lo que soy ahora, pero creo que tiene más relevancia (y trascendencia) hacer una declaración de lo que me propongo a hacer, y de paso, hacerles una invitación a desviar la mirada de aquel sol que, por más que nos ilumine, nos enceguece, y volver a mirar el real, morboso, etéreo, oscuro y luminoso sendero que tenemos delante de nosotros, en el cual por lo menos tenemos la esperanza de conocer más de nosotros mismos y encontrar la paz perdida. Soy tan romántico jiji.
"Nada le es más desagradable a un hombre que tomar el camino que conduce a sí mismo"
Atrévete a pensar, aprovecha esa mínima oportunidad que tienes de ser más que carbono en una tierra efímera: tienes toda una eternidad para ser polvo.
Hasta pronto,
besinis y conejinis,
El Socioloco.
Nota: La "pregunta ontológica" es el "que es", en este caso, "la pregunta ontológica de mi ser", en otras palabras, ¿qué chucha soy?.
Nota: La "pregunta ontológica" es el "que es", en este caso, "la pregunta ontológica de mi ser", en otras palabras, ¿qué chucha soy?.
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