Tengo un electivo que se llama Para Pensar La Muerte que me obliga a pensar en volás cuáticas. La primera evaluación es justamente acerca de cómo yo voy a abordar la temática del curso, es decir, ellos me darán herramientas y yo tengo que pensar la muerte desde un tópico que yo elija. Como ME ENCANTA complicarme la vida, elegí hacerlo acerca de lo trascendental de la muerte, lo óntico y finalmente sobre el devenir del ser.
He aquí lo que escribí escuchando Run de Air y Born To Die de Lana Del Rey.
Quizás uno de los temores más comunes en las personas es el miedo a la muerte. Nos preguntamos del carácter metafísico de esta hecho y la respuesta se nos revela desoladora y cruel, por lo que intentamos librarnos de aquel destino. Entonces la pregunta por la muerte se vuelve una interrogante por la trascendencia a ésta y por los esfuerzos del hombre por superar su fatídico e inexorable fin.La muerte siempre ha sido un tema exótico e inclusive morboso de analizar, especialmente en la sociedad y cultura en la que nos desenvolvemos actualmente. El ámbito de la pregunta por la muerte que trataré es quizás uno de los más escabrosos: la pregunta por el devenir detrás del proceso de la muerte es algo angustiante e incierto y es precisamente este sentimiento el que nos lleva a querer superar la finitud de la vida. Ahora bien, mi interrogante por sobre las formas de trascender surge desde mi propio temor a mi devenir individual, de mi constitución personal y desde un pavor interno a cómo lograr una trascendencia que no está asegurada mediante una fe religiosa o supuestos humanos. El encontrar esa manera, ese mecanismo incierto, aquel modo de ir más allá de la muerte quedándose, paradojalmente, en este mundo para trascender, es el nicho del cual florece el cuestionamiento que me dispondré a tratar en el curso.Dada la amplitud del tema y las consideraciones pertinentes, es también justo reconocer que la problemática planteada posee diversas aristas desde la cual puede ser abordada y que de la misma se desprenden otros planteamientos sobre el devenir trascendental del hombre.Una de las preguntas centrales que surgen al referirse al tema es si es siquiera posible una respuesta al orden trascendental de la muerte, o dicho en otras palabras, si es factible el poder trascender de alguna manera a la finitud, si tenemos como personas esta capacidad de sobrepasar la muerte en este orden cronológico natural o simplemente es una imposibilidad ontológica constituyente de la condition humaine. ¿Podremos finalmente ser?Otro de los temas que deriva de esta problemática tiene estrecha relación con lo anterior y sigue siendo un tema extenso en sí mismo es sobre lo que tiene de constructo o representación del concepto de muerte lo que conocemos como su devenir, como una respuesta que los hombres elaboran para satisfacer a lo desconocido de esta trascendencia y qué es lo que existe tras la muerte. Claramente no podremos saber con certeza lo que es la muerte de suyo ni mucho menos lo que hay tras de ella, pero una pregunta crítica sobre lo conocido puede facilitar un análisis al abrir nuevas perspectivas. Todo lo que tenemos como concepto de muerte, ¿qué validez tiene? ¿Podemos saber algo realmente de la muerte?Relacionando ahora con la muerte en lo histórico, cabe preguntarse qué ha hecho que pasemos de una concepción naturalista-mística de la muerte como un proceso que sería la antesala de una vida posterior cósmica o terrenal. ¿Qué ha sido lo que ha cambiado? ¿Qué rol tiene la cultura en la conformación del concepto de la muerte?Sin embargo, uno de los puntos neurálgicos de la problemática habla justamente de los medios que tienen las personas para perpetuar su existencia cuando se encuentran en esa instancia última frente a la muerte. ¿A través de qué medios podemos “burlar a la muerte” y tener el privilegio que se les concedía solamente a ciertos personajes míticos, de seguir existiendo tras la muerte terrenal? ¿Son estos mecanismos eficientes como para asegurar que mi condición humana siga siendo el “ser”? Los desafíos que presuponen responder estas dos preguntas son, si no al menos de dificultad considerable, peligrosos en el sentido de que frente a todo el cuestionamiento, puede que la respuesta final sea más desoladora que la misma muerte. Como diría Heidegger, “el preguntar es un modo del desocultar”, pero no toda respuesta puede ser la que buscamos. Sapere aude.
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Obviamente lo corregiré, tengo hasta el martes para entregarlo.
Conejinis y besinis,
El Socioloco
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